Buenos vecinos
Emanciparse 30/01/2008
De momento he tenido suerte con los vecinos, toquemos madera para que siga siendo así.
Al principio, estuvimos varios meses sin tener comunidad de vecinos, y yo no conocía a ninguno de los inquilinos del bloque.
Luego, hicimos las primeras reuniones, constituímos la comunidad y celebramos la primera reunión de vecinos oficial.
Ahí empecé a conocer a las otras personas que habitan en mi edificio. En total, exceptuando los que quieren venderse el piso y los que aún no se han mudado, serán unas 10 ó 12 familias.
Las primeras muestras de cortesía empezaron cuando tres propietarios se ofrecieron a ser el presidente, el secretario y el tesorero de la comunidad de vecinos, cargos que normalmente nadie quiere ostentar.
Después de eso, empecé a cruzarme con mis vecinos en la escalera, el ascensor, la calle, algunos comercios, y empezamos a saludarnos de forma cortés.
Un día, llegué a casa después de una dura jornada de trabajo y reparé en que unos vecinos de mi mismo rellano se habían dejado las llaves en la puerta. Llamé al timbre y les avisé para evitar que les robaran o cualquier cosa.
Hace poco, compré una mesa de comedor y la llevé sólo a mi casa. Afortunadamente, dio la casualidad que coincidí con un vecino y me ayudó a llevarla hasta el ascensor, y del ascensor a mi piso.
Estos pequeños gestos cotidianos son los que hacen que la vida en comunidad sea agradable. No quiero ni imaginar lo distintas que serían las cosas si estuviera rodeado de vecinos incívicos y problemáticos.