Los pies en el suelo
Emanciparse 20/06/2007
Hace un par de días, el vicepresidente segundo del Gobierno, Pedro Solbes, aseguraba que los propietarios destinan aproximadamente el 35% de su sueldo a pagar una hipoteca.
Como suele ocurrir cada vez que un político habla de vivienda, se han alzado miles de voces críticas para gritar a los cuatro vientos que eso es rotundamente falso, que los jóvenes mal pagado deben destinar casi el 70% (o incluso más) de su sueldo para hacer frente a las hipotecas de sus pisos.
En este caso, yo creo que el vicepresidente segundo tiene razón.
En primer lugar, hay que tener en cuenta que no todos los hipotecados firmaron su hipoteca ayer. Muchos llevan ya varios años pagando y la cuota que les ha quedado después de 10, 15 ó 20 años es mucho menor, relativamente, que cuando empezaron.
Por otro lado, los bancos ponen muchas dificultades a la hora de conceder hipotecas cuya cuota excede el 40% de los ingresos de los solicitantes. Aunque ya vimos que esas dificultades no eran insalvables, si necesitas destinar más del 40% de tu sueldo para pagar la hipoteca, es poco probable que te la concedan.
Otro factor a tener en cuenta es el sentido común de las personas. Si ves que no ganas mucho dinero, lo lógico es no aspirar a un dúplex de lujo en la mejor zona de la ciudad, sino a un piso más modesto que quepa dentro de tus posibilidades.
Yo creo que lo que pasa, en parte, es que mucha gente de la que se queja tanto está acostumbrada a vivir muy bien y que no han entendido (o no han querido entender) las declaraciones de Solbes.
Tal como está la vida, a menos que se sea rico, no se puede pretender comprarse o alquilar un piso y, al mismo tiempo, comprarse un iPod, irse de vacaciones a Irlanda, vestir siempre con ropa nueva, comprarse un coche nuevo, ir al cine todas las semanas, comer de restaurante cada dos por tres, etc. etc.
Quien algo quiere, algo le cuesta. En esta vida todo son prioridades y hay que decidir en qué se quiere invertir el dinero.